Cara y cruz

La lluvia golpeaba su rostro haciendo que sus lágrimas se disimulasen. Sólo el rastro salado de éstas habría sido delatador, pero él no se acercó tanto a ella como para notar su sabor.

Caminó con rabia, esa que sale de la mezcla del dolor y el desconcierto, y le fue dejando atrás. No le volvió a ver, ni siquiera se giró, la llave de la puerta lo hizo en su lugar, dejándole a él fuera de su campo de visión.

Allí, bajo techo, la lluvia dejó de ser cómplice y las lágrimas se hicieron con todo el control de su rostro… un minuto, dos, tres…

Pero ahora ya no iban a servir de nada, ya daba igual…

 

Sacó un peine del bolsillo y su pintalabios del bolso, pintó una sonrisa en sus labios y ahuecó su pelo mojado.

–         ¡Hola mamá! Ya estoy en casa… hace un día de perros…

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Acerca de 1prosaenverso

Amante de la comunicación no verbal, de las metáforas y analógias. De decirlo todo sin las palabras adecuadas. Enamorada del amor que no existe.
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